De La Trama a Askatasuna: 24 años de una historia que comenzó en un garaje

⚡Por Stephanie Camacho


Hace 24 años, Askatasuna todavía no se llamaba Askatasuna. Eran tres amigos haciendo ruido en un garaje, sacando canciones de 2 Minutos y aprovechando unos instrumentos que habían quedado disponibles casi por casualidad. Hoy, aquella banda nacida entre amigos forma parte de la historia del ska costarricense y sigue encontrando razones para reunirse, ensayar y subir a un escenario.

La historia comenzó entre finales de 2001 e inicios de 2002. El papá de Alonso quería que sus hijos formaran una banda y compró una guitarra eléctrica, un bajo y una batería. Alonso se quedó con la guitarra, mientras que sus hermanos abandonaron rápidamente la idea. Los instrumentos, sin embargo, encontraron otros dueños rápidamente.

Skatedra, 1era edición, La Salamandra, 22 de mayo 2004

Sus amigos del barrio, César y David, tomaron el bajo y la batería. Así comenzaron los primeros ensayos, tocando principalmente canciones de 2 Minutos.

La primera oportunidad de presentarse apareció poco después, en un festival en el Colegio Don Bosco, donde César estudiaba y en el que también tocarían Mentados y Garbanzos. Necesitaban un nombre y apareció uno casi de emergencia: La Trama.

Entre el público de aquel primer concierto estaba Marco, quien todavía no era integrante de la banda. Había llegado simplemente a ver tocar a sus amigos del colegio. Poco después terminaría convirtiéndose en su vocalista y en uno de los tres integrantes que, 24 años después, permanecen desde aquella primera etapa.

Con el tiempo comenzaron a aparecer las primeras composiciones propias: Ella no está, Una simple canción y Nana. La banda también empezó a crecer con la llegada de Marco en la voz, David en el saxofón, Danny en la trompeta y Juank en la segunda guitarra. Y entonces apareció el nombre definitivo.

El 8 de setiembre de 2002, durante un concierto de 2 Minutos en La Finca, en Cartago, Marco propuso llamarse Askatasuna, que significa libertad en vasco. No hubo una gran ceremonia para hacerlo oficial. Escribieron el nombre en el piso de La Finca. “El destino quedó sellado”, recuerda Alonso.

Ya bajo el nombre Askatasuna y con Marco como vocalista, la banda tuvo su primer concierto en el Liceo de Escazú. Curiosamente, volvieron a compartir con Mentados y Garbanzos, las mismas agrupaciones que habían estado presentes en aquel primer chivo de La Trama.

Meses después, alrededor de marzo de 2003, llegaron a El Yos, en Los Yoses, como parte de una serie de conciertos tipo batalla de bandas junto a Loto y otras agrupaciones.

Los primeros ensayos sucedían en el garaje de la casa de Alonso, prácticamente todos los días después del colegio. Tocaban hasta donde la paciencia de los vecinos lo permitiera. La policía incluso terminó acostumbrándose a las visitas.

“Como ya nos conocían, se quedaban a escuchar unas dos o tres canciones y ya después nos decían que paráramos”, recuerda Alonso.

En aquellos días sonaban 2 Minutos, Attaque 77 y canciones de bandas nacionales como Seka. La dinámica cambió con la llegada de los vientos. Sus integrantes venían desde más lejos y contaban con una formación musical más académica, algo que ayudó a ordenar los ensayos y empujó al grupo a crecer. Hay una cosa, sin embargo, que 24 años después permanece igual: “Siempre tratamos de que el ambiente de ensayo, aparte de provechoso, también sea muy, muy ameno. Más de la cuenta, en realidad”, reconoce Alonso.

Las primeras canciones de Askatasuna aparecieron prácticamente desde el inicio. Ella no está, una canción sobre desamor, fue una de ellas. Desde entonces, las letras comenzaron a nutrirse principalmente de situaciones cotidianas: la fiesta, los amigos, las relaciones y también la crítica social que históricamente ha acompañado al ska punk. Musicalmente, la banda también comenzó pronto la búsqueda de una identidad propia.

Marco identifica particularmente dos canciones dentro de ese proceso. Una fue Una simple canción, una de las primeras composiciones del grupo y la primera en incorporar vientos. La otra fue Los Grandes Corbatas.

Para Marco, esa canción terminó funcionando como una especie de guía sobre lo que Askatasuna quería tocar, decir y expresar. Con ella, la banda comenzó a reconocer con mayor claridad cuál era su sonido.

Una escena que comenzaba a cambiar

Los primeros años llevaron a Askatasuna por espacios como Las Huacas, en Coronado, La Salamandra y Acá Bar, pero alrededor de 2004 ocurrió algo que terminaría siendo determinante para su historia.

Varias de las agrupaciones que habían sido referentes para ellos disminuyeron su actividad o desaparecieron de los escenarios. Calle Dolores y Modska se desintegraron, mientras Garbanzos y Tropa 56 dejaron de tocar durante un período. Una nueva generación comenzó entonces a ocupar esos espacios.

Skatedra 2005, cartel completo

Askatasuna, Ilícito, Golpe de Estado y Scooter 79 fueron algunas de las bandas que ayudaron a sostener la escena durante esa etapa. Al mismo tiempo aparecieron espacios como Skatedra y Tiquizia Fest. Askatasuna comenzó a sonar en radio, llegaron más conciertos y cada vez más personas comenzaron a reconocer sus canciones.

Del garaje al estudio

Antes de tener un disco, Askatasuna hizo un experimento. En 2002 grabaron seis canciones en una radio de la Universidad para la Paz, en Ciudad Colón. El material se llamó Incoherencias y, aunque Alonso reconoce que la calidad de aquella grabación estaba lejos de ser perfecta, más de dos décadas después todavía hay personas que recuerdan y piden esas canciones.

En 2004 llegó un EP que cambió el panorama. El programa Punto de Garaje, de Radio U, comenzó a difundir canciones como Los Grandes Corbatas y Aquella vez. El material les abrió puertas, aumentó la cantidad de conciertos y marcó además el primer encuentro de Askatasuna con Marcos Monnerat. Desde entonces, la banda no quiso grabar en otro lugar.

En 2010 comenzaron a trabajar junto a Monnerat en el disco Algo de Ska. Pero aparecieron problemas internos, falta de dinero y dificultades para ponerse de acuerdo y organizar el proyecto. El disco quedó inconcluso. Poco después, Askatasuna se desintegró y permaneció en pausa durante aproximadamente dos años.

Aquella no sería la única vez en que la banda pensó que había llegado al final. Durante 24 años han existido etapas de pausa y momentos en los que sus integrantes han dicho: hasta aquí, pero siempre ha quedado algo capaz de reunirlos nuevamente: la amistad.

Para Marco, esa relación construida durante más de dos décadas ha sido incluso más importante para mantener vivo el proyecto que la propia música o los conciertos.

“Siempre hay algo que nos ha unido y nos ha hecho volver, que ha sido la amistad de más de 24 años”, nos cuenta el vocalista.

Esa familiaridad terminó convirtiéndose en una de las bases de Askatasuna y en la razón por la que, después de cada pausa, volvieron a intentarlo. También dio origen a una especie de lema interno: “Siempre vamos a seguir siendo necios hasta que pierda la voz”.

Y fueron necios. En 2017 retomaron finalmente Algo de Ska y lograron publicar el disco que había quedado pendiente desde 2010, un trabajo con el que se sienten especialmente satisfechos. Después llegarían Usted en 2022 y Promesas, junto a Fakir, en 2025.

En 24 años también han cambiado las personas sobre el escenario. De aquella primera alineación de siete integrantes permanecen tres: Marco, David y Alonso. Después de ellos, el integrante con mayor antigüedad es Leo Salas, tecladista que se incorporó en 2016.

Especialmente desde 2020, Askatasuna ha atravesado diferentes cambios de formación. Trabajo, familia, proyectos personales, dinero y tiempo han marcado las decisiones de quienes han pasado por la agrupación.

“Tenemos mucho cariño por todos y todas las que han pasado por la banda. Hemos aprendido muchísimo y siempre estaremos agradecidos con quienes nos regalaron parte de su tiempo y de sus vidas”, comentó Alonso.

Un amplificador echando humo y 24 años de historias

En una banda con más de dos décadas de recorrido hay recuerdos para todos los gustos. Askatasuna ha tocado frente a prácticamente nadie, ha visto personas en silla de ruedas meterse en un slam y ha presenciado situaciones difíciles de olvidar desde un escenario.

Una de las historias que todavía provoca risas ocurrió en Guápiles. Unas 15 bandas compartían el evento y el lugar estaba lleno. Askatasuna comenzó a tocar cuando uno de los amplificadores empezó a echar humo. La solución fue seguir tocando mientras intentaban evitar que aquello terminara incendiándose. Al final todo salió bien, tan bien que esa misma noche ocurrió otra primera vez: les pidieron autógrafos.

A esa historia se suman conciertos que hoy funcionan como puntos de referencia en la memoria de la banda. El Skatedra 2007 junto a Panteón Rococó; Maldita Vecindad en 2008; abrir para 2 Minutos en 2015, una banda que había sido fundamental desde aquellos primeros ensayos en el garaje; Desorden Público en 2018 y 2020; y, más recientemente, compartir con Gondwana en 2026.

Veinticuatro años también alcanzan para observar cómo cambia una escena musical. Askatasuna comenzó durante una época marcada por un fuerte movimiento alrededor del ska y el punk en Costa Rica. Había numerosos espacios para tocar y una respuesta importante del público.

La Finca todavía existía. De hecho, Askatasuna llegó a tocar en el último concierto realizado en aquel espacio que también había sido escenario del momento en que encontraron su nombre. Los conciertos se llenaban y las bandas nacionales encontraban oportunidades para presentarse ante públicos numerosos y compartir con proyectos internacionales.

Marco considera que actualmente la realidad es diferente. Fuera de festivales como FincaFest o ChopoTico, reunir públicos numerosos se ha vuelto más complicado, especialmente cuando no existe una banda internacional dentro del cartel.

El apoyo cambió. La intención, sin embargo, sigue siendo que pueda recuperarse y que la escena continúe creciendo. Askatasuna ha visto pasar suficientes etapas como para saber que las cosas pueden volver a cambiar.

“Este amor nos supera”

Después de 24 años, Askatasuna dejó de ser solamente una banda. Alonso lo entiende particularmente cuando piensa en Marco, David y él, los tres que han permanecido durante todo este recorrido.

“Nos hemos dado cuenta de que este amor nos supera”, dice. Es algo que no van a poder dejar aunque quieran, quizás ahí está la explicación de por qué Askatasuna ha sobrevivido a cambios de integrantes, dificultades económicas, discos inconclusos, pausas, transformaciones de la escena y a la vida adulta que inevitablemente apareció después de aquellos ensayos diarios al salir del colegio.

Cada vez que fue necesario, encontraron una forma de reinventarla. Y 24 años después todavía hay planes. Actualmente trabajan en canciones nuevas que ya están compuestas. La intención es terminar 2026 nuevamente en el estudio y preparar también un par de videos.

En esencia, siguen haciendo aquello que comenzó en un garaje: juntarse entre amigos, ensayar, molestar y hacer bulla, solo que ahora hay 24 años de canciones, conciertos, personas y recuerdos detrás.

Este próximo sábado 17 de octubre, Askatasuna celebrará sus 24 años de hacer música junto a Tropa 56 en Bar El Corsa, en San Pedro. Una fecha para conmemorar la amistad, las canciones y todos los caminos recorridos durante más de dos décadas, pero también para celebrar que, después de tantos cambios, pausas y escenarios, la banda todavía encuentra razones para reunirse, hacer bulla y seguir siendo necia.

Kilómetro Cero

Kilómetro Cero es la plataforma que late al ritmo de la música de Costa Rica, Centroamérica y Latinoamérica. ¡Compártenos tus noticias y novedades a kilometro0cr@gmail.com ⚡¡Únete a nuestro canal de WhatsApp y mantente al tanto de todo lo que sucede!

https://kilometrocero.rocks
Siguiente
Siguiente

Science of Sensations materializa tres años de trabajo en su nuevo álbum Exvotos