Bunbury volvió a Costa Rica: dos horas de mutaciones, nostalgia y un reencuentro 12 años después

⚡Por Max Arce, KM0.

Enrique Bunbury regresó este lunes 26 de octubre a los escenarios costarricenses con su “Nuevas Mutaciones Tour 2026”, en un concierto que recorrió distintas etapas de una carrera en la que conviven varias generaciones de seguidores.

Tuvieron que pasar más de 12 años para que Enrique Bunbury volviera a pisar un escenario costarricense. La última vez había sido el 25 de marzo de 2014, cuando presentó su “Palosanto Tour” en el Palacio de los Deportes, en Heredia. Este lunes 26 de octubre de 2026, el punto de encuentro fue el Anfiteatro Imperial de Parque Viva, en La Guácima de Alajuela.

Y quizá esos 12 años explican buena parte de lo que ocurrió durante la noche: había ganas, nostalgia, expectativas y públicos muy distintos esperando canciones de momentos también muy diferentes de la historia de Bunbury.

Desde poco después de las seis de la tarde comenzó a hacerse más evidente la llegada del grueso de los asistentes. Esto terminó generando cierta confusión en algunos sectores de localidades numeradas prácticamente al mismo tiempo que iniciaba el espectáculo. Mientras quienes estaban en las primeras filas llevaban bastante tiempo esperando, otros todavía intentaban encontrar su sector, su fila y su asiento.

El resultado fue que las primeras canciones transcurrieron, al menos en algunos sectores, entre personas caminando, preguntando por sus ubicaciones y tratando de acomodarse. Un inicio algo caótico para un concierto que, una vez superado ese momento, comenzó a encontrar rápidamente su ritmo.

A las 8 p. m. las luces se apagaron y Bunbury apareció acompañado por una banda numerosa, iniciando un espectáculo que desde su concepto deja clara una intención: mutar.

Y eso es precisamente “Nuevas Mutaciones Tour 2026”: una revisión de un repertorio enorme en la que conviven el Bunbury actual, el de sus primeras etapas como solista y, por supuesto, algunas inevitables referencias a Héroes del Silencio. La propia gira ha presentado variaciones entre sus fechas y Costa Rica no recibió exactamente la misma lista de canciones que se había escuchado durante las presentaciones previas en México. 

El arranque estuvo muy ligado a sus producciones más recientes. “Creer que se puede creer”, perteneciente a “De un siglo anterior”, su álbum de 2026, apareció junto a canciones de Cuentas pendientes —publicado en 2025— como “Serpiente”, “Te puedes a todo acostumbrar” y “Las chingadas ganas de llorar”.

Era también una especie de prueba para el público. Porque conforme avanzaba el concierto resultaba interesante observar cuáles canciones eran recibidas inmediatamente por miles de voces y cuáles encontraban a un sector más reducido de asistentes siguiéndolas de principio a fin.

Después llegó “Infinito” y la temperatura comenzó a cambiar. Cualquiera en su sano juicio (se habría vuelto loco por ti)”, “Cuna de Caín”, “La actitud correcta” e “Invulnerables” fueron construyendo un puente entre diferentes etapas hasta que llegó uno de esos momentos que inevitablemente despiertan otra clase de reacción.

“La sirena varada”. La primera incursión de la noche en el universo de Héroes del Silencio.

Y Parque Viva respondió. No sería la única.

Tres públicos en una misma noche.

A título completamente personal, el público de Bunbury en Costa Rica podría dividirse esa noche en tres grandes grupos:

Por un lado están quienes siguen esperando escuchar a Héroes del Silencio. Fans que saben perfectamente que están frente a Enrique Bunbury solista, pero para quienes resulta prácticamente imposible separar aquella voz de canciones que marcaron al rock en español. Cada aproximación a Héroes provoca una reacción diferente, casi instantánea.

En Costa Rica tuvieron tres oportunidades: “La sirena varada”, “La carta” y, posteriormente, “Maldito duende”. Tres canciones de Héroes del Silencio dentro del repertorio de la noche.

Un segundo grupo parece habitar principalmente en los primeros años del Bunbury solista: los tiempos de “Radical Sonora”, “Pequeño”, “Flamingos” y “El viaje a ninguna parte”. Es el público de canciones como  “Infinito”, “Lady Blue”, “El rescate”, discos y canciones con los que Bunbury terminó de construir una identidad completamente propia después de Héroes.

Y está una tercera generación —o quizá sería mejor decir una tercera clase de seguidor— que ha acompañado con mayor atención sus producciones recientes.

Ese grupo parecía menor durante algunos momentos del concierto, pero también demuestra algo particular de Bunbury: nunca se ha conformado con vivir únicamente de su catálogo antiguo.

Sigue grabando. Sigue componiendo. Sigue cambiando.

Su sitio oficial contabiliza ya catorce álbumes de estudio como solista, además de todo el material publicado con Héroes del Silencio y sus diferentes colaboraciones y proyectos. En 2025 publicó “Cuentas pendientes” y apenas un año después presentó “De un siglo anterior”.

Una voz que por momentos costó escuchar. Sobre el escenario, Bunbury se mostró alegre, activo y evidentemente complacido por el reencuentro con Costa Rica. En un momento incluso expresó públicamente el placer de regresar al país después de tantos años.

Sin embargo, hubo un detalle que por momentos jugó en contra del espectáculo: la voz no siempre se escuchó con toda la claridad o presencia que uno hubiera esperado.

Resulta difícil determinar desde el público si se trató de una decisión de mezcla, de algún aspecto técnico o simplemente de la forma en que Bunbury se desplazaba y se alejaba del micrófono durante algunas frases. Lo cierto es que hubo momentos en los que instrumentos y banda parecían ganar terreno y algunas palabras se perdían.

Son circunstancias que pueden ocurrir en cualquier presentación en vivo y que tampoco terminaron por opacar un concierto que fue creciendo conforme avanzó el repertorio.

“Despierta”, “Alaska”, “La carta”, “Porque las cosas cambian” y “Más alto que nosotros sólo el cielo” continuaron el recorrido.

Llegaron luego “Parecemos tontos” y “De todo el mundo”, antes de entrar en uno de los tramos más celebrados de la noche.

Y apareció “Maldito duende”.Hay canciones que necesitan apenas unos segundos y esta es una de ellas.

La versión presentada en Parque Viva fue uno de los grandes momentos del concierto y confirmó algo que probablemente acompañará a Bunbury durante toda su carrera: Héroes del Silencio continúa siendo parte de la memoria emocional de miles de personas.

Pero Bunbury tampoco permitió que ese pasado se convirtiera en el único protagonista.

Después llegó “El hombre delgado que no flaqueará jamás”. Y hacia el cierre, después de presentar a quienes lo acompañaban sobre el escenario, apareció esa declaración que funciona casi como una rúbrica:

“Yo soy Enrique Bunbury”.

“El hombre delgado que no flaqueará jamás” puso fin al primer bloque y la banda abandonó momentáneamente el escenario.

Nadie creyó que aquello hubiera terminado. Y no había terminado.

Bunbury regresó para cuatro canciones más: “El rescate”, “Salvavidas”, la esperadísima “Lady Blue” y finalmente “La constante”.

Fue precisamente “La constante” la encargada de cerrar definitivamente la noche.

Una canción con un significado especialmente particular dentro de la historia reciente del español: fue también la última canción que interpretó antes de aquel abrupto alejamiento de los escenarios en 2022.

Ese año Bunbury llegó a anunciar que abandonaba los conciertos debido a graves episodios de irritación de garganta, tos y dificultades respiratorias que aparecían durante las giras. Tiempo después, tras múltiples estudios médicos, se determinó una fuerte sensibilidad al propilenglicol, sustancia utilizada habitualmente para generar humo escénico. Durante aquel periodo nunca abandonó la creación: continuó componiendo y grabando discos hasta encontrar nuevamente el camino hacia los escenarios.

Por eso verlo ahora cerrando nuevamente un concierto con “La constante” tiene un simbolismo difícil de ignorar.

Dos horas nunca serán suficientes

El concierto duró alrededor de dos horas. La lista registrada para Costa Rica reunió más de una veintena de canciones y atravesó discos publicados en momentos completamente diferentes de su trayectoria.

Aun así, siempre faltará alguna.

Ese es quizá el problema —si podemos llamarlo problema— de un artista con un catálogo tan amplio.

Al terminar habrá quien pregunte por “El extranjero”. Otro hubiese querido “Aunque no sea conmigo”. Alguien extrañará “Que tengas suertecita”, “Sí”, “El viento a favor”, “Sácame de aquí” o cualquier otra canción asociada a un momento particular de su vida.

Y seguramente habrá quien hubiese querido más Héroes del Silencio.

Pero intentar satisfacer a todos después de tantos discos y tantos años sería prácticamente imposible.

Lo que sí consiguió “Nuevas Mutaciones Tour 2026” fue algo quizás más importante: mostrar las diferentes vidas musicales de Enrique Bunbury dentro de un mismo escenario.

El cantante que alguna vez estuvo al frente de una de las bandas fundamentales del rock en español.

El solista que a finales de los noventa tuvo que inventarse nuevamente.

El artista de Pequeño, Flamingos y El viaje a ninguna parte.

El músico que continuó experimentando cuando ya tenía suficientes éxitos para no necesitar hacerlo.

Y el Bunbury actual, que después de haber pensado seriamente que su relación con los escenarios había terminado, vuelve a estar frente a una banda y un público.

Doce años después de aquella noche de 2014 en Heredia, Enrique Bunbury volvió a Costa Rica.

Hubo algún tropiezo logístico al inicio. Hubo momentos en los que quisiéramos haber escuchado su voz con mayor claridad. Faltaron canciones, porque siempre van a faltar canciones.

Pero también hubo música, memoria, nostalgia y esa extraña sensación de reencontrarse con temas que llevan años acompañando momentos de nuestras vidas.

Al final, mientras sonaban los últimos acordes de “La constante”, la sensación era bastante sencilla: la espera había sido demasiado larga, pero Bunbury volvió.

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