Progresivo en estado vivo: Time´s Forgotten y Giant Sleeper como punto de encuentro

El pasado viernes 20 de febrero, Oasis no fue simplemente un venue en San Pedro: fue un epicentro para quienes entienden el progresivo como experiencia y no como fondo musical. Los responsables: Time´s Forgotten y Giant Sleeper.

La cercanía con la tarima anticipaba lo que sería la dinámica de la noche: no habría distancia entre banda y público, ni espacio para la indiferencia.

Giant Sleeper abrió la velada con una ejecución que se construyó sin prisa. Las primeras capas de guitarra comenzaron a tejer atmósferas densas, casi cinematográficas, mientras el bajo marcaba un pulso firme y la batería dibujaba transiciones con precisión. No hubo explosiones inmediatas; hubo desarrollo. La tensión creció por acumulación, por contraste, por silencios medidos.

En vivo, la banda confirma su lugar dentro del progresivo contemporáneo latinoamericano: estructuras largas, cambios dinámicos marcados y un trabajo instrumental detallado que privilegia la musicalidad sobre el virtuosismo vacío. Las guitarras dialogan entre texturas y distorsiones contenidas; la base rítmica sostiene sin invadir. Giant Sleeper no se ubica en la nostalgia del prog clásico ni en la agresividad del hardcore: su propuesta está más cerca de una búsqueda actual, atmosférica y narrativa, alineada con una generación centroamericana que entiende el género como espacio de exploración.

Cuando Time´s Forgotten tomó la tarima, la energía se transformó. La banda irrumpe con decisión. Riffs definidos, cambios más abruptos, una tensión que se siente en el cuerpo. A estas alturas, su solidez no sorprende, pero sí reafirma: ha logrado consolidar un lenguaje propio dentro del metal progresivo costarricense.

Cada composición se desplegó como un recorrido técnico y emocional. Secciones instrumentales cuidadosamente desarrolladas, quiebres rítmicos que descolocan para luego resolver con precisión, y una interpretación vocal que alterna entre lo melódico y lo intenso. No se trató solo de ejecutar canciones, sino de sostener una narrativa sonora que exigía atención total.

Y el público respondió a la altura. En un momento donde muchos conciertos compiten con pantallas y distracciones, lo que se vio en Oasis fue distinto: miradas fijas en la tarima, cabezas siguiendo los cambios de compás, cuerpos que entendían cuándo dejarse llevar. Más que espectadores, parecían cómplices del proceso. Inmersos en vivir el momento, sentir cada nota, cada riff con una mirada sostenida a quienes teníamos en tarima.

La noche dejó algo claro: el progresivo en Costa Rica no es una reliquia de nicho, sino un territorio en evolución. Bandas como Giant Sleeper y Time’s Forgotten demuestran que el público no solo consume el género, sino que lo interpreta, lo adapta y lo expande desde su propia sensibilidad. Hay técnica, sí, pero también identidad.

Oasis fue testigo de una escena que, lejos de diluirse, sigue encontrando espacios para afirmarse. Y mientras existan noches como esta, el progresivo seguirá respirando, complejo, exigente y profundamente vivo.

Algunas fotos por Luis Chavarría para revivir el momento.

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